Durante siglos el ser humano ha tratado de almacenar, primero lo físico y ahora lo digital.
El trasfondo siempre ha sido muy parecido: almacenamos con el propósito de organizar nuestros recursos y optimizar la forma en la que accedemos a ellos.

En primer vestigio de almacenamiento de datos se produce hace sólo 20.000 cuando nuestros ancestros pintaban los techos de las cuevas que habitaban. Por un lado, lo hacían para recordar eventos, y por otro, como base narrativa que permitió transmitir sus historias a lo largo de los siglos.

Precisamente para evitar tendencias a olvidar, que por otro lado es inherente a la naturaleza humana, hemos ido buscando mecanismos para guardar lo que nos interesa y poder recuperarlo más tarde, curiosamente utilizando formas similares a las que usa nuestro propio cerebro, para almacenar y recuperar información.

Por supuesto, no podemos olvidar la escritura, que fue cambiando de medio hasta que encontró en el papel su aliado más duradero, y que ha sido fundamental para almacenar y preservar desde nuestros pensamientos hasta los sucesos acontecidos.

De esta forma se asegura su transmisión y los recuerdos pueden vivir casi para siempre en este medio.

En el fondo, hay muchas formas de capturar y almacenar datos, y no es cierto que el almacenamiento de datos sea algo moderno, sino que ha estado con nosotros desde hace mucho tiempo. Con ciertas limitaciones, adaptado y condicionado por las diversas características de cada época, la tecnología existente, la cultura y los valores.

En los libros de historia podemos encontrar muchos ejemplos de cómo se han ido registrando diferentes tipos de datos, tales como el rendimiento de las cosechas, cartas de navegación o mediciones astronómicas.

Un dato es algo que permite describir, detallar o medir algo con independencia del medio en el que se almacene, de dónde se produzca, cuál sea su frecuencia o de qué uso se le quiera dar, en el bueno de que tenga alguno.

Y esto es inherente a nosotros mismos; siempre hemos ido almacenando y lo seguiremos haciendo en el futuro, pero con medios y capacidades distintas.

 

Ahora y Aquí puedes leer las dos partes de internet de las cosas,
conducir desde el asiento de atrásla parte I y la parte II 

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Por Melchor Sáez de LaAnet

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