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En España somos ya 40 millones de usuarios de internet, de los cuales el 93,5% navega por la Red todas las semanas y el 79% lo hace a diario, porcentaje que sube hasta el 95%, en el caso de los jóvenes de 16 a 24 años.

Los hábitos de consumo en España son los siguientes:

  • España lidera Europa en el uso de las tecnologías en los colegios y la formación online a distancia
  • El coche (57%), las gafas (42%) y el reloj (39%) son los nuevos dispositivos de acceso a internet preferidos por los usuarios.
  • El castellano tiene un gran potencial de crecimiento en la red y ya es el segundo idioma más utilizado en las redes sociales, incluso en ciudades con Nueva York y Londres.
  • El consumo de video bajo demanda supera a la televisión en abierto entre los más jóvenes y no tan jóvenes. El 95% de ellos ve contenidos gratuitos en la red.
  • El uso de las redes sociales se sitúa en el 69%. La franja de edad que más aumenta el porcentaje de internautas que accedan a las redes sociales es la comprendida entre 45 y 54 años, que se sitúa en el 52,3%
  • Por primera vez, el tiempo de acceso a medios digitales utilizado en dispositivos móviles (principalmente, smartphone y tabletas, aunque sin olvidar dispositivos wearables) ha superado al empleado en el PC (63% frente a 37%)
  • La mensajería instantánea se convierte en el medio favorito de de comunicación y combina a la perfección la vida digital con la vida del mundo físico: un 44 de los usuarios de mensajería instantánea organiza por este medio actividades offline. También los usuarios entre 65 y 75 años interaccionan más con su familia a través de la mensajería instantánea.

Somos una sociedad eminentemente digitalizada y conectada, que requiere de respuestas jurídicas adecuadas a los comportamientos digitales. Y si el Derecho tiene como principal misión la de regular conducta de los individuos en sociedad, en este caso, tienen también la obligación de regular las relaciones entre cibernautas, las cuales, como vemos, son cada vez más cotidianas, frecuentes y habituales y que tenderán al alza ya que cada vez se incorporan más personas y nuevos sectores poblacionales a este medio.

Internet y las nuevas tecnologías plantea retos tanto a quien legisla como a quien interpreta las normas; retos que han sido acometidos de maneras muy diversas en función del momento y de la latitud en que nos situemos. El desarrollo tecnológico ha motivado, en ocasiones la adopción de nuevas normas para dar respuesta adecuada a las situaciones que la tecnología presenta. es el caso de, por ejemplo, la aprobación de la conocida como ley de comercio electrónico en España, que reguló, por primera vez en nuestro país, la compra a distancia por vía electrónica. En otros casos el legislador ha optado por desregular, interviniendo para eliminar obstáculos jurídicos al desarrollo de nuevos modelos de negocio. en Estados Unidos o el Reino Unido, donde se han derogado normas que exigían la obtención de licencias de negocio y que han permitido la eclosión y consolidación de modelos empresariales como los de Uber o Airbnb, por citar algunos. Finalmente, vemos cómo se ha optado por dejar en manos del intérprete normativo -jueces y tribunales- la adaptación analógica a esta nueva realidad de normas configuradas para otros entornos. Es el caso, por ejemplo del Código Civil, que si bien data de 1889, es adaptado a la realidad de los tiempos por los juzgados para dar cobertura a conflictos entre particulares que nacen de redes sociales o en aplicaciones móviles, realidades que claramente no existían en el siglo XIX.

No son pocos los desafíos que exigen la revisión de algunos puntos del ordenamiento jurídico para adaptarlos a la nueva realidad de los tiempos que vivimos y verificar el axioma latino ubi societas ius, lo cual requiere cambios de mayor calado en nuestro sistema.

No en vano, como internet es una red mundial, lo ideal sería que todos los estados se pusieran de acuerdo para legislar del mismo modo (o muy similar). Sin embargo, esta solución parece poco realista a la luz de las diferentes culturas y normativas que existen en los diferentes países y continentes. Esto lo vemos, por ejemplo, en la manera de regular la tensión existente entre la seguridad nacional y la privacidad del individuo.

Ahora y hasta la continuación en la parte (III) aquí puedes consultar:
las dos partes dentro de internet de las cosas,
conducir desde el asiento de atrásla parte I y la parte II 

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Por Melchor Sáez de LaAnet

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