?1. Olvídese el móvil de vez en cuando. No se puede pasar del todo a la nada, así que mejor empezar por abandonarlo a ratos. Comprobará que casi nunca pasa nada y que los problemas se resolvieron sin su socorro.
?2. Anule funciones del ‘smartphone’. Anule la red 3G, aunque tenga tarifa plana (si va al extranjero, con mayor razón), y la conexión wifi. Aparte de alargar considerablemente la duración de la batería y, por tanto, dejar de estar pendiente del cargador, dejarán de saltar mensajes, whatsapps, anuncios o noticias.
?3. Apague los aparatos una hora antes de dormir. O su mente seguirá conectada. Y no coloque el móvil cerca de la cama. Olvídese, el whatsapp de la niña siempre dice lo mismo: “Llegaré un poco tarde, no me esperéis despiertos”.
?4. Algo de programación. Pese a estar de vacaciones no viene de más un poco de autodisciplina. Para romper con la manía compulsiva de consultar el correo conviene establecer unas pautas. Por ejemplo: mirarlo cinco veces al día. A mitad de las vacaciones seguro que lo reduce a tres.
?5. Si no tiene nada que hacer, no haga nada. La tecnología ha traído una especie de actividad inactiva. Son vacaciones, no es imprescindible llevar el móvil en la mano ni mirarlo cada segundo para evitar conversar en el ascensor. Si hemos estado décadas mirándonos la punta de los pies, podemos seguir haciéndolo.
?6. Para el ‘tocholibro’, nada como el papel. Bajo el sol es más placentero ir marcando las páginas con rastros de crema solar o chips (patatas, no procesadores). Si no puede ser, lo más aproximado es el lector electrónico. El móvil, el portátil, y la tableta cansan la vista, aparte de que los reflejos convierten el placer en una tortura.
?7. Hable bajo, escuche bajo. La humanidad valorará que ponga al móvil y al iPod unos buenos auriculares.
?8. Regulación infantil de horarios y accesos. Si se regula el tiempo de los niños ante la tele, con mayor motivo, el de tabletas y móviles. A diferencia del televisor, que se autorregula de forma natural saliendo de casa, los aparatos móviles se arrastran al exterior, con lo que existe el riesgo de que los niños sigan sentados bajo la sombrilla
[Via ElPais]

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